20 noviembre, 2018
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Por Jafeth Paz Rentería*

El mito de la “democracia racial” que se desarrolló en países como Brasil y Colombia siempre negó la existencia del racismo, porque las mezclas habían eliminado las diferencias que en el sistema segregacionista de Estados Unidos se habían originado mediante la clasificación. Por esta razón, con la Constitución de 1886, los pueblos étnicos no existían jurídicamente y en el caso de los indígenas la normatividad que existía funcionaba con la lógica de la asimilación de la cultura dominante.

 Es con la Constitución de 1991, con el reconocimiento y protección de la “diversidad étnica y cultural” que la matriz monista de concepción del Estado se transforma, al menos formalmente, hasta que expresamente el Estado acepta que el racismo y la discriminación racial ha operado históricamente en las relaciones entre el Estado y los pueblos étnicos. En este contexto, ante la inoperancia de los procesos educativos para combatir este flagelo, como última ratio se expidió la Ley 1482 de 2011 que modificó el Código Penal y tipificó los actos de racismo y discriminación.

 Por eso no es extraño que cuando se denuncie un caso de racismo, el primer argumento para descalificarlo sea la negación, puesto que estas conductas están instaladas en la cultura y en muchas ocasiones el sistema nos ha “domesticado” de tal manera, que dichas conductas se consideran aceptables y normales. En este contexto se pueden entender las declaraciones del señor Rodrigo Cabrera, gerente general de Crepes & Waffles al intentar negar los hechos de la denuncia de Eliz Mosquera, quien en su relato a la Fiscalía relató los actos de racismo de la gerente Luisa Fernanda Salazar.

Desde la denuncia se puede concluir que la gerente buscó la oportunidad para deshacerse laboralmente de Eliz y lo consiguió con un aparentemente incumplimiento del reglamento de Crepes, y supuestamente por coger de los “repiques” que son de las meseras $3.900 pesos, pero en estos hechos y otros en los que se observa maltrato, discriminación y en los que manifestaba que las mujeres afrocolombianas eran para la cocina y no para la atención visible, los señores de Crepes no ven nada de racismo.

Con el propósito de tapar el sol con las manos han puesto a algunas mujeres afrocolombianas a decir que las denuncias de Eliz son mentiras, bloquearon algunos de los vídeos que circulaban con más fuerza en Facebook y he recibido insultos y amenazas de quienes consideran que hay que hacer silencio ante estos hechos porque, al parecer, son intocables.

 Ante esto es importante precisar que en ningún momento es nuestra intención afectar su prestigiosa marca, pero sí que al interior haya un proceso de pedagogía que prevenga estos actos, especialmente de quienes desde su espacio de poder privado, y en contradicción con los mismos principios de la empresa, le dan apariencia de legalidad a sus actos, motivados por el racismo y la discriminación. Por ejemplo, sería importante que Crepes & Waffles nos dijera cuántas mujeres afrocolombianas fueron despedidas o se les terminó el contrato por parte de la gerente Luisa Fernanda Salazar.

Ahora, como la lógica del silencio es una conducta que en Colombia ha hecho carrera por el temor y la necesidad, a quienes quieren callar los propósitos pedagógicos de nuestra denuncia, les informamos que a raíz del caso de Eliz, otras mujeres se han animado a contar los maltratos que recibieron en dicha empresa por parte de algunas gerentes de punto, que se creen con derecho a humillar a la gente humilde.

Reflexión: En Colombia solo tendremos verdadera paz cuando las relaciones cotidianas estén fundamentadas en el respeto a los demás.

*Abogado y Periodista. Magister en Derecho Administrativo. Candidato a la Cámara de Representantes por Bogotá con el #106 por el Partido Somos.

Denuncian Caso de Racismo en Crepes & Waffles

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Jafeth Paz Renteria

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