25 mayo, 2018
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“Por encima de todo, quiero llegar a un punto en que se diga de mi obra: Este hombre siente profundamente y este hombre siente ternura”. Escribió así Vincent van Gogh. La reflexión hace parte de las famosas 652 cartas que el pintor escribió a su hermano Theo.

Loving Vincent, ópera prima de la polaca Dorota Kobiela y de su pareja, el inglés Hugh Welchman, retoma esa afirmación que resume la esencia del artista holandés.


Esta cinta de animación es un homenaje inusual y hermoso, una pieza de perfección artística que asombra por su técnica. Se trata de un viaje inmersivo en muchas de las obras más célebres del artista, que cobran vida en la pantalla.

Retratos como El doctor Gachet y su hija Marguerite, los auto-retratos y los espacios y paisajes como El dormitorio de Arlés, Terraza de café por la noche, El cielo estrellado, Campo de trigo con cipreses, Trigal con cuervos, entre muchas otras pinturas, son recreadas en esta ambiciosa producción.

“Por encima de todo, quiero llegar a un punto en que se diga de mi obra: Este hombre siente profundamente y este hombre siente ternura”

La factura de la película logra trasmitir con soltura y encanto, la sensualidad de las pinceladas, los efectos de la luz, la cualidad única del trabajo artesanal, la fuerza y belleza de cada obra.

Si bien el aspecto visual es el mayor acierto del filme, el guion, por su parte, es su lado débil, pues la historia se torna, por momentos, pesada. Y es mínimo el desarrollo de los personajes. Sin embargo, no quita que el espectador quiera redescubrir el pensamiento y la obra del artista.

La animación es un género que requiere de mucha paciencia y de mucho tiempo. Estas condiciones fueron llevadas a un extremo alucinante en Loving Vicent . La producción demandó un esfuerzo descomunal al concebir y realizar una película donde cada fotograma es un cuadro pintado al óleo.

En total fueron siete años de trabajo, 62.450 fotogramas, 125 artistas y 120 pinturas de Van Gogh que fueron capturadas con la técnica stop-motion. Loving Vincent mezcla las técnicas de rotoscopia y acción en vivo (Live action).

Se filmó con actores y, después, fue pintada al óleo a mano para recrear las dos últimas semanas de vida del artista. La historia se sitúa un año después de su muerte y cuenta la historia ficticia sobre lo enigmático de este suceso.

Van Gogh tuvo una vida intensa y breve, pues comenzó a pintar a los 28 años. En apenas nueve años realizó más de 800 obras. Decía que había puesto en riesgo su vida y su razón.

Era capaz de encontrar belleza en los espacios más pobres y sórdidos. Nunca dejó de sentir fascinación por las personas, la naturaleza y su oficio. “La vista de las estrellas siempre me hace soñar”, había expresado este genio de la pintura moderna que murió demasiado pronto a los 37 años.

MARTHA LIGIA PARRA


Crítica de cine

 Fuente: El Tiempo
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Jafeth Paz Renteria

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